Enviado por Poti el 10-03-2008
Durante
la segunda mitad del siglo XIV, los cruzados cristianos y los mercaderes venecianos
trajeron lo que se llamaron “Cartas
Sarracenas” a la
Europa Medieval. Una vez que la pobreza y la superstición de los años oscuros hubieron
desaparecido, los mercados, gremios y universidades empezaron
a interesarse por otras culturas,
investigando las ciencias y artes, y sacando a la luz los juegos de ocio que
tan prohibidos habían tenido, entre ellos las cartas. Después de los estragos causados por la peste bubónica, muchos supervivientes migraron de los bosques y granjas a las ciudades.
Trabajando como mercaderes y artesanos, formaron gradualmente una nueva clase
urbana. La vida iba mejorando para muchos, aumentaba la esperanza de vida, y la
formación y su nivel de vida habían mejorado sustancialmente. También tenían
más tiempo para dedicar al ocio.
En los
primeros años del Renacimiento, los libros, cartas y cuadros eran producidos por
artistas, no por imprentas. Los florecientes círculos de artistas y comunidades
universitarias de Siena, Bolonia y Venecia se convirtieron en focos de creación
de topologías de barajas. Sobre 1379, numerosos dibujos y referencias escritas
empezaron a aparecer en Basle,
Barcelona, Bruselas, Paris y Viterbo, un pequeño centro de enseñanza situado a 90 kilómetros al
norte de Roma. Mientras los escolares y artistas iban de escuela en escuela, la
popularidad de los juegos empezaba a crecer a pasos agigantados. En 1414 un
sólo Briefmaler ( pintor de cartas) era suficiente para proveer la
demanda de toda la ciudad de Nuremberg, pero sólo dos generaciones después,
jugar a las cartas se puso tan de moda
que la ciudad empleaba 37
especialistas a tiempo completo.
Pero
no todo el mundo quedó convencido de la moralidad de los juegos de cartas, y
durante la Reforma
Protestante, las cartas fueron tachadas de “dibujos del
diablo”, debido a las “infernales” apuestas que conllevaban. Entonces, como
ahora, se consideraba como un pecado jugar con dinero, además de una fuente de problemas entre particulares.
A
pesar de ello, los ancestros menos píos de Carlos Mortensen en España ya jugaban
con juegos de 40 cartas, mientras que en Alemania lo hacían con 36 naipes. Los
juegos en el norte de Italia se basaban en un mazo de 52 cartas persas divididas
en cuatro palos: oros, copas, cimitarras y bastones de polo representando
simbólicamente a los oficiales abasteciendo la corte del Sultán de dinero,
comida y bebida, protección militar y entretenimiento deportivo.
Mientras
las cartas siguieron siendo sobretodo un entretenimiento para aristócratas,
mujeres, granjeros y miembros de los gremios empezaron a encontrar la forma de
participar en esta nueva moda de las clases altas. Cada grupo social se veía
representado en las barajas con las que jugaban. Desde que los cortesanos
situaron a los generales en lo alto de
la jerarquía, las cartas representaban los estados sociales de las diferentes
culturas y las formas de convivencia entre ellos. Una cartas fechadas en 1377
pertenecientes a una baraja suiza mostraban al sol como carta más alta seguida
en orden descendiente por el rey, la reina, el caballero, la sota y el
sirviente. En las barajas florentinas, las mujeres y bailarinas de sus barajas
se representaban desnudas.
Los
juegos de cartas se volvieron ya muy populares entre la nobleza francesa a
finales del siglo XVI y en
Inglaterra hacia 1650 María Tudor, Princesa de Escocia, adoraba las apuestas
fuertes y chocaba con su marido judío violando
el Sabbath para jugar a las cartas. En Londres, en 1674, Charles Cotton
publicó The Compleat Gameste, que sentó las bases de las reglas y estrategias
de una docena de juegos de cartas.
En
la desarrollada Ciudad-Estado de Venecia, los aristócratas poseían apartamentos
separados de sus mujeres, llamados casini , sólo para jugar a las
cartas , combinándolo con cortigiani
onesti,, esas
honestas y bien educadas cortesanas símbolo de su bonanza económica y
liberalismo político. Venecia no es sólo el lugar de nacimiento de las loterías
y los casinos ( el primero abrió en 1638), fue también dónde se fraguó el primero,
el juego
que revolucionó a la Europa
del Renacimiento, y del que se dice uno e los precursores de nuestro juego
favorito, el póquer.
Pero,
¿Cómo eran los europeos jugando a las cartas? Durante más de un siglo, cada
pintor y cada ciudad producían barajas de cartas diferentes con sus personajes
propios como monos, flores, loros, etc.
Sin
embargo poco a poco se fueron homogeneizando
las barajas adaptándolas a las que se producían en el norte de Francia.
A mediados del siglo XVI, estas pequeñas fábricas ya enviaban sus producciones
a Escandinavia, Inglaterra, España y otros países.
Hacía
1470, los fabricantes de cartas de la ciudad francesa de Rouen habían pasado ya
de cuatro colores a dos, como las conocemos ahora. Coeurs (corazones), que
representaban a la iglesia y Carreaux (rombos), que
representaban a los mercantes, de color rojo. Mientras que las Piques (picas) representando al Estado y las Trefles (tréboles), representando
a los granjeros eran de color negro.
En general los cuatro palos se
identificaban con la iglesia, la guerra, el dinero y la agricultura.
Al
contrario de los musulmanes, los teólogos cristianos no prohibían la representación
de figuras humanas, las iglesias estaban llenas de representaciones de santos, apóstoles,
vírgenes y muchos mas, por lo que los diseñadores de cartas en Rouen eran libres de representar en sus cartas
figuras histórica . Así que cada rey de cada palo representaba a un personaje
histórico conocido, uno era el rey David de los judíos, otro era Carlomagno,
otro Julio César y por ultimo otro que
representaba a Alejandro Magno. Estos cuatro reyes eran la imagen de los
orígenes de la civilización occidental, la Época judía, el Imperio Romano, la Roma pre-cristiana y la
civilización griega. Poco a poco descubrimos que las barajas de cartas que
llevamos viendo toda la vida guardan una historia más que curiosa.
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